Sólo por esta semana, posteo en miercoles. La onda es que mañana jueves quizá este muy borracho para hacerlo.
…carajo, ¿en dónde vamos? Ya me duele el trasero. Puf, creo que todavía ando bien pedo. Hm, todavía faltan 40 kilómetros para llegar a Zacatecas. ¿Cuánto faltará para Casas Grandes? Ah, qué bueno, aquí están los cigarros. ¿Quien anda allá en el fondo? Pinche autobús, no vale madre, se mueve como el Arca de Noé. Chingado, creo que más bien es que ando bien pedo. Ja, ¿quién es este idiota que se durmió en el pasillo? Hmmm, es la Verito. A ver, le voy a echar este sleeping para que no se congele, esta macizo el friecito. Chin, le pise una mano, menos mal que no se despertó. ¿De quién sería ese sleeping?
-¿Qué pedo, pinche Dai?
-Ora puto, me asustas. ¿Quién chingados trae el desmadre allá en el fondo?
-Sabe, pero mejor ni vayas porque creo que una morra vomitó. Dame un cigarro.
El Mono saco con manos temblorosas un cigarro, lo encendió y aspiro el humo casi con desesperación. Cerró los ojos, se recostó en su asiento y con la luz del alba pude ver su frente hinchada y enrojecida.
-Pinche Mono, eres un imbécil… abusado, no me vayas a quemar con el cigarro.
-Me duele un chingo la frente.
-Y cómo no, estuvo bueno el madrazo. Pobre Paqui, creo que la traumaste de por vida.
-¿Por?
-¿Como “por”? No seas cínico, cabrón. Que pinche frío, pásame el cigarro.
-Neto, es que no me acuerdo de nada. Bueno, me acuerdo que íbamos bailando en los asientos, pero luego pfft, borrón.
-Te desnudaste, bailaste sobre Paqui, azotaste su cara con tu pito. Luego ella, enardecida, te abofeteó; perdiste el equilibrio y te pegaste en la frente con el borde del portaequipaje. Te vestimos y te trajimos a tu asiento.
-Ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja ja.
-Eres un cabrón. Oye, creo que llegamos a una caseta, vamos a mear.
-No es caseta, es retén. Chingado, yo también me estoy meando.
-Argh.
-Grrf.
-Oye, ¿no hay botellas vacías? ¿O una bolsa?
-No, y además con el zangoloteo de este camión no le vamos a atinar y se va a hacer un cochinero.
-Si, ¿verdad? ¿Y si meamos por la ventana?
-Pero los choferes siempre se enojan.
-Quítate pues, yo si voy a la ventana que ya no aguanto.
-Me estás pisando, animal.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.
-¡Cierren las ventanas, que está lloviendo! –gritaron al fondo del autobús.
12 horas después, ya estamos en Casas Grandes. Antes de hacer cualquier cosa, vamos al expendio a abastecernos de parque: un 24 de Tecate roja de 16 onzas para cada quien, dos galones de mezcalito, muchos cigarros. Una rápida visita a J-ipi para conectar un poco de mota. Ahora sí, a montar la tienda de campaña, registrarse para el congreso, buscar algo de comer, fumar un gallo, recostarse a ver el atardecer.
Dos días después.
-Oye Mono, ¿te das cuenta que llevamos como 3 días bien pedos?
-Sí.
-¿Y puedes vislumbrar alguna forma en que los tres días que faltan aquí no los pasemos aún más borrachos?
-No.
-¿Sabes cómo puedes saber si en la peda te cogiste a alguien? Dice la Verito que si recién levantado vas a mear y te sale el chorrito chueco, es que sí cogiste.
-Ah.
-Pero si eres morra, ¿cómo le haces?
-Pásame un bote.
-Busca en esa bolsa, este seis ya se acabó.
El panorama era un tanto cómico. Una muchacha dormía la mona con medio cuerpo fuera de su tienda de campaña –estaba tan ebria que simplemente no pudo entrar completamente-. El Boss ahuyentaba sin éxito las moscas que lo acosaban al tiempo que daba un largo sorbo a su bote de Tecate. Dos más dormían dentro de una tienda de campaña sin armar –imposible saber si nunca pudieron levantarla o en la borrachera la tienda se derrumbó-. Una mujer más dormía en una silla de plástico: algún bromista había vaciado un botecito de Kola-Loka sobre el zíper de la puerta de su tienda. Había pequeños manchones de vómito por doquier, los rescoldos de una fogata humeaban lánguidamente y un perro hacía tímidos intentos por llevarse los restos de comida que se acumulaban junto a un tambo de basura. Unos bóxers y una falda colgaban de la rama de un álamo; un condón inflado como globo se alejaba lentamente, como si fuera una planta rodadora del desierto.
El Ebrick apareció en el horizonte. Sus lentes obscuros sólo acentuaban más su desgarbado andar, a leguas se notaba que estaba bien arriba. Cuando por fin llegó hasta nosotros, tomó una silla de lámina, se sentó sobre ella con el respaldo hacia el frente y nos miró con aire triunfal. Esperamos pacientemente a que las palabras salieran de su boca, hasta que al final el Boss rompió el silencio.
-¿Tú qué?
-Nada.
-Como nada, pinche mamón –tercié. -Esa risita pendeja no es de gratis.
-…..
-Pinche Ebrick, ya afloja pues- dijo el Mono.
-Pssssss… es que fui a la farmacia.
-¿Y a nosotros qué? Neta que yo ya no quiero nada más, estoy tan pedo que no me puedo ni levantar, y eso que me dieron muchas ganas de darte un zape para que quites esa cara de imbécil que traes.
-Seguro trajo Benadrex –dijo cansinamente el Boss.
-Noooo muchachos, que pasotes con esos zapatotes. Chaaale, ya no hay temor a Dios ni respeto al latino.
-Déjate ya de mamadas y desembucha. Dai, pásame un cigarro –dijo el Mono.
-Psssssssssssssssssssss es que si saben que soy paramédico, ¿no? Ahhhhh verdad, esa no se la sabían- Se puso de pie, abrió su mochila y sacó una botella de plástico que contenía un liquido transparente- Miren, el elixir de la eterna borrachera.
-Bájale mamón- dijo el Mono.
-Neta que siiiiiiii campeones. Se llama Solución Mixta, y la usamos para estabilizar pacientes en shock. Ya saben, atropellados y ondas así. Se pone intravenosa.
-……..
-No me miren así, psssssss de cuando acá tanta desconfianza, también se puede tomar, no es a fuerzas inyectada…. A ver, pásenme ese vaso y les sirvo.
-No mames Ebrick, neta que así estoy bien, déjame con mi peda- dije con enfado.
-Ahhhhhhhh psssss neta que no te vas a arrepentir.
No sé que me llevó a creerle. Quizá el hastío, quizá el alcohol que le había metido a mi cuerpo en 4 días, quizá el hecho de que en 3 días había dormido 5 horas, quizá la mariguana. Tomé el vaso, le sacudí las hormigas que había dentro y se lo di. Durante un momento contemple con escepticismo ese líquido transparente y con ligerísimo olor a mar. Luego, cerré los ojos, y vacié todo el vaso de un trago. Puaj, que asquerosamente amargo, que mierd…
Maravilla de maravillas.
Súbitamente me sentí pleno de vida, listo para afrontar cualquier peligro. La pesadez de mi cabeza desapareció por completo, mi cuerpo se llenó de energía. Fue como despertar completamente descansado, fue como… salir del shock. El Mono y el Boss me miraban entre divertidos y curiosos, con expectación.
-Ay, puto.
-Tsssssssssss ¿quióbo mi Dai? ¿Esta chido o no?
-A ver Ebrick, préstame la botella. ¿Qué chingados es esta madre?
-Ohhh pues allí dice…. Apréndanselo mis niños: Solución Mixta
Al principio bebían con desconfianza, el sabor no ayudaba mucho, pero finalmente todos tuvimos nuestra dosis. Intercambiamos miradas de asombro y regocijo. Ante nuestros ojos se extendía la posibilidad de prolongar una borrachera hasta el infinito: si nos sentíamos al borde del colapso alcohólico, sólo era necesario tomar un poco del elixir y seguir la fiesta. Y también funcionaba para solucionar esos inconvenientes estados en los que uno puede llegar a caer cuando abusa de la mariguana.
Así, gracias a la solución glucofisiológica, pudimos tomar la suficiente cerveza para construir con botes vacios una pirámide de 2 metros de altura, para luego destruirla usando al Mono como bala de cañón humana. Entre tantas y tantas cosas que hicimos con los poderes obtenidos.
Fui tan feliz.

Solucion Mixta